La mujer del milagro que hizo santo a Juan Pablo II dio su testimonio en Iguazú

El médico revisaba, una y otra vez, los exámenes clínicos de la paciente a quien había desahuciado. Se levantó de su asiento para verificar en el laboratorio del hospital que el expediente fuera el correcto, volvió a su consultorio y revisó de nuevo.

Nada. El aneurisma cerebral que padecía Floribeth Mora Díaz y por el que le había diagnosticado un mes de vida, desapareció.

Y la mujer de Costa Rica que semanas antes yacía en su cama, que apenas podía moverse y que no podía sostener una cuchara para comer, le miraba sonriente. Fue un milagro, aseguraba, porque pidió ayuda al Papa Juan Pablo II.

“El médico decía: es inexplicable, porque ni siquiera había una mancha en mi cabeza, en las arterias, de que en algún momento hubo un aneurisma”, le cuenta a un puñado de personas que el miércoles 10 de octubre la escuchaba en el Santuario Jesús de la Divina Misericordia de Puerto Iguazú.

En ese momento su doctor no le creyó, pero no pudo explicar la ausencia del aneurisma, como tampoco fue posible después de varios exámenes en clínicas de Costa Rica e Italia.

La hipótesis del milagro se volvió certeza para la Iglesia Católica, que gracias a esta prueba acordó canonizar a Karol Wojtyla.

Según anunció en 2014 el propio papa Francisco, la ceremonia de santificación de Juan Pablo II tuvo lugar el 27 de abril de ese mismo año próximo. En el mismo acto fue canonizado Juan XXIII.

“Levántate”

La historia del milagro comenzó en abril de 2011, cuando a Mora Díaz se le diagnosticó un aneurisma en el lado izquierdo del cerebro, que clínicamente era imposible de erradicar.

Los médicos le pronosticaron apenas un mes de vida. Para la mujer, un ama de casa que estudiaba la carrera de derecho, la noticia fue devastadora.

“Fue algo horrible, horroroso el momento de ver sufrir a mis hijos, a mi familia y yo sufriendo porque no los iba a ver. Mi parte humana tenía miedo a la muerte porque fe en Dios siempre he tenido”, recuerda.

La salud de Floribeth se degradó con rapidez. Permanentemente sufría dolor de cabeza, y llegó un momento en que le costaba hablar o sostener algo con la mano izquierda.

La mujer siempre consideró al Papa Juan Pablo II como un ser humano especial, incluso lo veía como un hombre santo. A él le pidió que intercediera con Dios para recuperar la salud, cuenta.

El 1° de mayo de ese año observó por televisión la ceremonia en que el Papa fue declarado beato de la Iglesia Católica. Esa noche escuchó una voz que le decía “levántate, no tengas miedo”. Allí inició su recuperación.

“No me levanté de un brinco, pero empecé a sentir paz, mi agonía ya no estaba”, dice. “El proceso de sanación de mi cuerpo se fue dando paulatinamente”.

Nueva vida

Meses después, en noviembre, acudió a una cita de rutina al hospital donde era atendida. Para ese momento Floribeth sentía que estaba curada por completo, pero necesitaba la certificación médica.

Cuando su doctor confirmó que estaba sana, decidió contar lo que había sucedido. Escribió su testimonio en la página oficial de Wojtyla en internet, y semanas después la contactó la oficina del Vaticano que lleva la causa de la santificación del Papa.

“Me decían ¿quién te dijo que tenías un aneurisma?”, cuenta. “Para mí fue algo muy sorpresivo, no lo esperaba. Lo escribí para que el mundo se diera cuenta que Dios hace milagros”.

El proceso para certificar la curación milagrosa duró varios meses en los cuales fue sometida a otros exámenes médicos, incluso en Italia.

La vida de la mujer y su familia cambió después de eso. Aunque pretende volver a la escuela, dedica una parte de su tiempo lo emplea en difundir la sanación. Cuenta que todos los días hay personas en su casa y que los vecinos la miran con respeto y a veces devoción.

“Yo les digo no vean a la mujer, al verme caminar, al verme hablar, vean el milagro porque es algo que le puede suceder a cualquiera”.

Cuando en abril de 2014 se llevó a cabo la ceremonia en que se lo declaró santo, Floribeth Mora fue la encargada de llevar ante el altar las reliquias del Papa polaco.

 

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