Cataratas del Iguazú, Misiónes, Argentina

A 20 AÑOS DE LA CRISIS DE 2001 Ramón Puerta: “Lo primero que decidí fue llenar de plata los cajeros”

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Fue presidente por tres días tras la renuncia de Fernando de la Rúa en diciembre de 2001. A continuación un relato de aquéllos momentos de tensión.

¿Por qué Fernando de la Rúa tuvo ese final en diciembre de 2001?

La Convertibilidad resolvió un tema gravísimo, como la hiperinflación del ‘89 con un país destrozado productivamente, sin combustible ni energía eléctrica. El pueblo se aferró a ese plan. En el ‘98 cuando Brasil devalúa un 20%, acá no se aprovecha esa circunstancia para devaluar. El 2 de enero lo llamé por teléfono al presidente Menem. “Presidente, este es el momento de flexibilizar”, le dije. Y me contestó, “tenés razón Ramoncito, pero que lo haga el que viene”.

En el caso De la Rúa hubo tres factores. Gana las elecciones en el ‘99 diciéndole al país yo no voy a devaluar y se abraza al 1 a 1 que no daba más. En segundo lugar, a los ocho meses se le va Chacho Alvarez; renuncia y desestabiliza al gobierno. Ese vacío de poder intenta llenarlo con López Murphy primero, y luego llama al padre del modelo, Cavallo, pero que no lo flexibiliza, todo lo contrario. Y decide el corralito donde no se podía sacar más de $200, justo poco antes de Navidad. El 3 de diciembre lo anuncia y en dos semanas la gente estalla, no por hambre; eran la clase media y alta indignadas por no poder contar con sus recursos. Ese es el tercer factor.

-¿Como se desarrolló la renuncia de De la Rúa?

El 20 de diciembre De la Rúa habla al país a la tarde. Yo tenía que viajar a San Luis para la inauguración del aeropuerto de Merlo. Escucho todo el discurso y lo llamo. Me atendió en el acto. Le digo, “Presidente, estoy preocupado después de haberlo escuchado, no se le ocurra renunciar”. Y no me contesta. Queda en silencio y ahí le digo, “estoy volando a San Luis, vamos a estar casi todos los gobernadores porque Rodríguez Saá nos juntó y hemos decidido hacer una reunión para tomar la decisión de votarle a libro cerrado todas las leyes que usted necesite, siempre y cuando le hable al país y le diga que son las leyes que necesita. Usted se tiene que hacer cargo del costo político de lo que pide pero también va a cosechar el rédito político. Y ahí él me dice, “¿a qué hora va a ser la reunión?”. Le comento que ocho y media empezará y terminará para las diez. “No, va a ser de noche”, me dijo. Eso me quedó grabado, después me di cuenta. Cuando llegué a Merlo había renunciado, eran las siete y media de la tarde. Al otro día cuando llego a la Casa Rosada la gente me cuenta que De la Rúa estuvo dos o tres horas mirando hacia el horizonte y, cuando cayó el sol, firmó la renuncia.

Cara a Cara. EL ex presidente Ramón Puerta. Foto: Luciano Thieberger.Cara a Cara. EL ex presidente Ramón Puerta. Foto: Luciano Thieberger.


– ¿Qué hay de cierto en la teoría de que a De la Rúa lo volteó el peronismo con lo saqueos?

Hablan del peronismo de la provincia de Buenos Aires pero hay que separar la paja del trigo. Que en el Conurbano el retraso en el pago de sueldos, la iliquidez que tenían muchos municipios, traía descontento, no lo dude. Pero la renuncia tanto de Cavallo el 19 de diciembre como la de De la Rúa el 20, fue por la clase media que quería sus recursos, no eran los saqueos, que eran un factor más. Muchos intendentes que querían recursos iban a La Plata a hablar con el gobernador Ruckauf y él tampoco los tenía. Entonces los reclamos terminaban en Plaza de Mayo frente al Ministerio de Economía. Pero eso no tiene nada que ver con un golpe.

– ¿Cómo fue el momento en que Ud sabe que se tiene que hacer cargo del Ejecutivo?

Cuando aterrizo en Merlo a las 20.20, De la Rúa había renunciado. Me espera el gobernador Adolfo Rodríguez Saá que me lo comunica, “sos el Presidente, acá tenés mi despacho”. Yo iba con un par de asistentes. Lo primero que hice es comunicarme con quien había sido mi ministro de Gobierno, un abogado, para que me diga cómo era la Ley de Acefalía.

-¿Recibió muchas llamadas?

Sí, entre ellas la del embajador de Estados Unidos, Jimmy Walsh, para felicitarme; era mi amigo personal. Me dice, “Ramón, lamentablemente pasó lo no deseado pero te vamos a tener de Presidente para completar este mandato”. “Mirá Jimmy, creo que no es así”, le respondo. Entonces mis asesores legales me dicen, de acuerdo a la ley son sólo 48 horas las que tenés que ejercer la presidencia, jurar como Presidente.

-¿Y qué medidas tomó en esas 48 horas?

Al final fueron tres días y firmé más de 100 decretos. Levantar el estado de sitio, poner el estado de sitio en algunas provincias que me pidieron, dejar jugar a Racing con Vélez para que salga campeón. Me acuerdo que lo llamé a Grondona y a los presidentes de Racing y de Velez…(se ríe). Pero lo primero que tuve que hacer, y eso fue suficiente para tranquilizar al país momentáneamente, fue cargar de plata los cajeros. Y liberar de esa cláusula a un pueblo, del límite de $200. La gente los vaciaba y con la lamentables muertes de aquellos días, los camiones de caudales no se querían mover si no había una custodia muy fuerte. La Policía Federal estaba desbordada.

-¿Se sintió solo en algún momento?

No porque le pedí al canciller de De la Rúa, Rodríguez Giavarini que me acompañara en la gestión y en una actitud patriótica le explicó al mundo que se iba a cumplir la Constitución, que no había trampa política. Le pedí que levantara el teléfono y que hablara con los principales países y en especial con el FMI. Roque Macarone aceptó seguir en el Banco Central y Enrique Olivera en el Banco Nación. Quiero nombrarlos porque tomaron decisiones personales muy fuertes al servicio del país.

-¿Usó el despacho presidencial?

Claro, yo juré ahí. Me instalé en la Casa Rosada, no en Olivos porque De la Rúa estaba retirando sus cosas. Esos días no lo ví, me llamó por teléfono pero no noté nada en su ánimo.

-¿Cómo eligen a Rodríguez Saá?

En la misma reunión de Merlo, explico que yo no me puedo quedar. Estábamos todos, voy por atrás y le digo bajito al Adolfo, “¿agarrás por 60 días?” y me contesta: “Por 60 días, por 60 horas, por 60 minutos, pero agarró”. Entonces decidimos nombrarlo en asamblea por 60 días. Considerábamos que iba a tener poco poder siendo elegido en una asamblea, y el 23 al mediodía le ponemos el bastón y la banda.

Cara a Cara. Ramón Puerta. Foto: Luciano Thieberger.Cara a Cara. Ramón Puerta. Foto: Luciano Thieberger.


-Y duró sólo una semana…

El miércoles cuando Rodríguez Saá da el discurso en la CGT, me llaman De la Sota, Carlos Ruckauf, los que tenían alguna posibilidad de ser candidatos a la presidencia, diciéndome, “Ramón, el que vos elegiste ahora se quiere quedar”. Yo también quería ser candidato a presidente en marzo. Esa noche me reúno en Olivos con Adolfo, comemos un asado, y me dice: “No Ramón, quedate tranquilo que yo voy a cumplir. Voy a gobernar 60 días y 60 noches, ya llevó cuatro noches sin dormir”.

Pero el viernes 28 de diciembre sale la gente a la calle contra el que ya era nuestro gobierno porque vuelve a pasar lo mismo: sueldos atrasados, escasez de recursos. El intento de cambiar de moneda, a instancias de el titular del Banco Nación, David Espósito, podía ser una buena idea, pero no se arma en una semana.

– ¿Y qué hizo?

La noche de la protesta, Adolfo me pide hacer una reunión de urgencia con todos los gobernadores peronistas para pedir el apoyo porque él necesitaba encarar la situación. No quiere hacerla en Olivos por las protestas y lo hacemos en Chapadmalal. Pero aparecen la mitad de los gobernadores, seis. Ruckauf estaba, pero no De la Sota ni Reutemann. Presenta el presupuesto hecho con equilibrio fiscal pero Adolfo se enoja porque no estaban todos. Algunos se quedaron en Miramar, decían que ya iban a venir. El Adolfo se levantó enojado y se fue al primer piso donde estaba su hermano Alberto y de ahí se fue a San Luis. Ruckauf dice “voy un rato afuera” y yo me fui con él y nos subimos al helicóptero. Un rato después, Rodríguez Saá renunciaba.

-¿Cómo llega Duhalde a ser la mejor opción?

Cuando renuncia Rodríguez Saá lo primero que pienso es cómo armamos otra asamblea. Porque cuando pusimos a Rodríguez Saá teníamos número suficiente para cumplir con la Constitución, la mitad mas uno de la totalidad de miembros. Pero cuando él renuncia, se va muy mal y perdemos los legisladores de San Luis. También los de Santa Cruz porque Néstor Kirchner, al igual que yo, era un gran defensor de Domingo Cavallo, por eso se enoja cuando el Adolfo en la CGT anuncia que rompe el acuerdo con el Fondo Monetario y declara el default, terminando con el 1 a 1. Kirchner y Cristina se van por dos meses y no los vimos más. Entonces levanto el teléfono y le empiezo a pedir a Duhalde que sea él el presidente. Duro media hora mi charla con él, no lo podía convencer. No quería, me preguntaba por qué. Le digo sos el único, De la Rúa sacó el 48% de los votos vos sacaste el 40%, al que el pueblo votó después de De la Rúa fue a vos. El argumento que uso es, hay un vacío de poder, y hoy el peronismo en soledad no lo llena ni puede garantizar la mayoría en la asamblea. Pero el radicalismo a vos te votaría. Entonces Duhalde habla con Alfonsín y obtiene el apoyo del bloque radical e inicia la gestión que ya todos conocemos.

– Veinte años después de aquélla vorágine política, ¿de qué sirvió el “que se vayan todos”?

Fue muy grave esa expresión porque lejos de disiparse se potenció. Hoy Argentina está en una situación económica mucho peor que en 2001. En los ‘90 la pobreza promedió entre el 15 y 17% y hoy está cercana al 50%. Tres veces más pobreza después de 15 años de kirchnerismo. No sólo estamos más pobres sino con inflación creciente y controles de precios que en el mundo no se usan más.

Hoy, con aquél “que se vayan todos”, tenemos una clase política denostada, al político no lo quieren. Se potenció el sentimiento anti política. En el mundo hay un solo modelo económico, pero hay distintas formas de gobierno: democracias, monarquías autoritarias y democráticas, democracias con sesgo autoritario. No hay ningun sistema mejor que la democracia. De ahí mi crítica a esos sectores que denostan a los políticos. No se dan cuenta que sin partidos políticos no hay democracia.

Cara a Cara - Ramón Puerta. Foto: Luciano Thieberger.Cara a Cara – Ramón Puerta. Foto: Luciano Thieberger.


El anfitrión de la reunión más esperada

Los saqueos fueron imágenes más que representativas del violento final de la experiencia de gobierno de la Alianza UCR-Frepaso en diciembre de 2001. Por momentos, cientos de personas se concentraban frente a una cadena de hipermercados y, un rato después, alguien les entregaba bolsas con mercadería logrando que se retiraran. Pero no siempre el desarrollo de la protesta era tan pacífico. Como cuando una horda ingresó intempestivamente a un almacén chino del conurbano bonaerense y lo desvalijaba ante las cámara de TV en vivo, mientras los gritos y el llanto de su propietario asiático recorrían los medios del mundo describiendo la implosión en un país, la Argentina.

Fernando de la Rúa dejó la Casa Rosada el 20 de diciembre a las 19.52, a bordo de un helicóptero que partió de la terraza de la sede de Gobierno, con una sola convicción: lo había volteado el peronismo bonaerense.

“O el Presidente cambia o habrá que cambiar al Presidente, o el Parlamento cambia o habrá que cambiar el Parlamento”, advertía ese mismo mediodía, horas antes del desenlace y en un cable de la agencia de noticias DyN, Eduardo Duhalde, por entonces senador nacional.

Tiempo después, De la Rúa repetiría una y otra vez los mismos conceptos en distintas entrevistas. “El peronismo instrumentó un golpe civil, trajo violencia a la Plaza de Mayo y conspiró con el FMI. Fue una maniobra de Duhalde y Ruckauf, quienes venían operando hacía meses”, afirmaba.

El ex presidente radical tenía una crítica opinión sobre el rol que su ex contrincante en las elecciones de 1999 había tenido. “A Duhalde le gusta aparecer como el que apagó el incendio. Pero eso lo produjo él, el peronismo armó un golpe de Estado con todas las características. Era más de lo que yo mismo me imaginaba”, enfatizaba.

Duhalde, por su parte, ensayaba una tibia defensa y adjudicaba en parte las acusaciones del radical a su estado anímico durante la crisis: “La situación fue empeorando, De la Rúa no nos escuchó y llegó un momento en que hizo eclosión en la calle, en la gente, y Argentina estuvo al borde de una guerra civil”.

Dieciseis años después, a miles de kilómetros de la Argentina, De la Rúa y Duhalde, los dos ex presidentes, se volvieron a reunir para hablar de aquél 2001 trágico que los tuvo como protagonistas.

“Yo hice una cena con los dos en diciembre del 2017 en la embajada argentina en Madrid, que yo tenía a cargo. Duhalde se hospedaba en la residencia, estaba dando clases en la universidad José Camilo Celas”, recuerda Ramón Puerta.

El entonces embajador argentino en España se enteró que De la Rúa venía a Madrid y en qué hotel estaba hospedado. “Voy a verlo, le cuento que está a Duhalde, le propongo que hagamos una comida así charla con él y se saca las dudas que tenía sobre el 2001. Aceptó y nos sentamos los tres. En un momento los dejé a los dos solos, para que dialoguen con total privacidad, y recién luego pasamos todos a almorzar”, relata.

-¿Y aclararon algo sobre las acusaciones cruzadas y el rol del PJ en la caída de De la Rúa?

-De la Rúa me dijo “ya tengo bien claro que Duhalde no fue”, destaca Puerta.

Perfil

Federico Ramón Puerta nació en Apóstoles, provincia de Misiones el 9 de setiembre de 1951. Es ingeniero civil, pero sus principales actividades han sido dos: dirigente político por el peronismo además de empresario yerbatero. En su vasta trayectoria político ocupó cargos clave. La última, embajador argentino en España entre el 2015 y el 2019, en el gobierno de Mauricio Macri. Fue gobernador de Misiones entre 1991 y 1999, además de diputado y de senador nacional. Precisamente en la Cámara Alta, fue presidente provisional del Senado y le tocó, en la crisis de 2001, desempeñar durante 48 horas el rol de Presidente de la Nación tras la renuncia de Fernando de la Rúa.

Cara a Cara - Ramón Puerta. Foto: Luciano Thieberger.Cara a Cara – Ramón Puerta. Foto: Luciano Thieberger.


Al toque

Un libro: Las fuerzas morales de José Ingenieros

Un proyecto: Una Argentina que funcione institucionalmente, con reconstrucción de los partidos.

Un líder: José de San Martín.

Un Presidente: Carlos Menem

Una película: La Patagonia rebelde.

Una comida: La paella.

Un lugar en el mundo: Misiones.

Una sociedad: La española.

Una bebida: El mate.

Fuente: Clarín

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